El cineasta de Internet Baron Ryan habla consigo mismo, pero no siempre le gusta lo que tiene para decir. En una divertida obra existencial (donde Ryan se interpreta tanto a sí mismo como a su mente), contempla la paradoja de ser complaciente, la eficacia de las gomitas de melatonina y las inquietantes preguntas que mantienen despiertos a muchos de nosotros por la noche.
